Bajar revoluciones

Luego de algún tiempo sin escribir, aquí estoy.

Bueno, siempre saco mi espacio para escribir, solo que decidí tomar un tiempo en lo que me organizaba y dedicaba más tiempo a mis estudios.

Pero ya llegó el tiempo de retomar el lápiz y papel y adentrarme de nuevo en las palabras y las letras.

Acabo de terminar de leer el Diario de Anna Frank y me pareció un libro preciso para mí.

Anna, una chica judía de 13 años que tuvo que dejar de vivir su adolescencia para compartir su vida junto a otras ocho personas que se convirtieron en su nueva familia.

Estas personas permanecieron 2 años escondidas de la Gestapo en un lugar el cual ella misma llamo la Casa de atrás.

Anna le escribe a su diario ‘Kitty’ sus experiencias personales dentro de esta casa y de la situación del gobierno que vivió mientras Hitler estaba en el poder.

Mientras leía este libro, pude establecer una gran conexión con Anna, ya que encontré en ella muchas características, pensamientos e incluso dudas con las cuales me identifiqué.

Anna describe su vida antes de moverse al escondite como una perfecta y alegre, tenía su familia, unas amigas importantes para ella, estudios, etc., pero no fue hasta que internalizó lo que sucedía a su alrededor, pero más importante lo que sucedía en su interior, lo que la hizo madurar y convertirse en una mujer.

Anna era de carácter fuerte y siempre tenía confrontes con todo el mundo dentro de la Casa de atrás, porque no se podía quedar callada ante nada, ¿y quién no lo ha tenido?

Confrontes sobre temas de política, religión, álgebra, por alguna injusticia o por lo que fuera y todos siempre tenían la misma respuesta para ella, “eres una niña majadera e imprudente”.

Ella por supuesto, se sentía enojada de que cada vez que sucedía algo, sacaban en cara sus defectos y todos querían que ella cambiara, que bajara revoluciones.

Desde hace algún tiempo he querido escribir sobre una experiencia que tuve en la cual me dijeron estas palabras; “para ver si bajabas las revoluciones” (no recuerdo las palabras exactas, pero ustedes me entienden).

Estas palabras calcaron tan profundo en mi mente y me hicieron pensar y reflexionar sobre ellas, pero no fue hasta que leí este libro y me encontré con Anna que descubrí lo que de verdad significan.

Usamos este término contra una persona que expresa mucha en energía o tiene una rutina diaria acelerada.

La intensión de esa persona tal vez no es perjudicar o molestar al que está a su lado, solo es así.

Las personas pretenden detenernos al usar estas palabras, que al principio no suenan del todo mal sino de una manera normal pero que al canalizar lo que intentan hacer nos choca, me choca.

Anna siempre tenía que bajar revoluciones cada vez que alguien de la Casa de atrás le sacaba en cara sus verdades.

Que bajemos las energías, que bajemos nuestra conducta, nuestro “lucimiento” (y no es nada malo), solo porque alguien no se siente cómodo o se siente amenazado.

Pero, ¿Qué pasa si tal vez no queremos bajar revoluciones y solo deseamos llamar la atención y dejarnos sentir?

No todo el mundo tiene la capacidad de estar rodeado de personas con las cuales puede compartir palabras, sentimientos y opiniones.

No todos tienen la libertad y confianza de expresarse.

Solo quieren dejarle saber a todos que están ahí, que tienen algo que decir, algo que gritar, algo que expresar.

Personas que no encajan en el estereotipo que el mundo presenta, que se sienten diferentes y juzgados.

A pesar de que Anna tenía su propia personalidad y espontaneidad, ella al igual que yo se expresaba mejor a través de las letras.

Un lápiz y un papel es nuestra mejor terapia al momento de soltar todo aquello que tenemos dentro de nuestra mente y nuestro corazón.

Esto no nos hace ser menos abiertos a expresarnos, solo que no nos gusta hablar sobre ciertas cosas y sentimos que nos expresamos mejor por medio de la escritura.

Siempre es bueno encontrar paz y tranquilidad en nuestro interior y otras veces no lo es o se nos hace difícil encontrarla.

No todo el tiempo tenemos la capacidad de entender lo que nos sucede y mucho menos podemos entender a los que nos rodean y permitimos que nuestras energías nos controlen, actuamos de cierta manera y muchas veces debemos bajar las revoluciones.

Dios diseñó nuestra personalidad a la perfección, pero muchas veces no tenemos la capacidad de aceptar y tolerar esa personalidad en otros e incluso en nosotros mismo.

Eso no quita que en algunas ocasiones tengamos las revoluciones en mil, aun así, somos una perfecta creación.

Si debemos bajar las revoluciones de vez en cuando, no porque te lo digan, sino porque al final de cuentas será bueno para ti.

Cuéntame, ¿cómo están tus revoluciones?

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Escrito por

Mi nombre es Legna González y soy de Arecibo, Puerto Rico. Soy una mujer de decir pocas palabras pero de grandes cosas que escribir. Las letras y las palabras definen mi entorno. Amo a Dios, escribir, la naturaleza y la fotografía. Quiero expresar lo que soy y lo que siento a través de este espacio. Gracias por tomar de tu tiempo y leer lo que escribo. Espero que puedan disfrutar leerlos así como yo escribirlos. ¡Un abrazo!

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