Volvamos a ser niños

Este año me he propuesto leer un libro y escribir una vez al mes, o al menos eso intento.

Tuve la oportunidad de leer “El Principito”, un libro que de primera instancia pensé que era un cuento de niños pero no, este pequeño libro no tiene edades.

Es un libro corto y fácil de leer, así que se los recomiendo a todos aquellos que todavía cargan con su niño interior.

Mientras leía y me encontraba con este pequeño personaje, entendí que aunque hayamos crecido, estudiado, nos hayamos formado y tengamos nuestra vida de “adultos” realizada, no podemos dejar pasar por alto que en un momento, todos fuimos niños.

La vida pasa en un abrir y cerrar de ojos, literal en un abrir y cerrar de ojos y es por tal razón que debemos aprender a vivirla o continuar viviéndola como cuando éramos chiquitos.

Considero que la etapa de la niñez es la mejor etapa de cualquier ser humano.

No había preocupaciones ni responsabilidades, solo tal vez responder cuando nuestra mamá nos llamaba a comer.

Cuando éramos pequeños no pensábamos en nada, solo en jugar y divertirnos.

Hoy día muchas de las cosas que solíamos hacer cuando niños, las hemos olvidado poner en práctica.

Éramos felices y no quiero decir que ahora no lo seamos, solo que esa felicidad siempre está condicionada a alguien o algo.

Buscamos nuestra felicidad en el dinero, en una persona o en algo material, que al final de cuentas no nos hace felices del todo.

En la etapa de la niñez la palabra juzgar no existía, todos éramos iguales aunque nos viéramos o actuáramos diferentes.

Lo mas que me gusta de los niños es cada vez que peleaban y se enojaban, pero a los 5 minutos de haber peleado, llorado o pataleado, nos abrazábamos y volvíamos a ser amigos otra vez.

Hoy día, eso rara la vez lo hacemos, tardamos mucho tiempo en volver a hablar con quien discutimos e incluso nos cuesta tanto perdonar, no por ellos sino por nosotros mismo.

Amábamos con tal libertad que no importando quien eras o como te vieras, nos amábamos.

Un amor que nacía de nuestra amistad, creando lealtad y respeto unos con otros, dando todo sin esperar nada a cambio.

Teníamos el don de compartir lo que fuera, desde nuestra merienda hasta nuestros gérmenes. Simplemente, éramos niños.

La historia de “El principito” me recordó ese instante en el que olvidamos que en algún momento fuimos niños y nos invita a que nunca perdamos la inocencia, la dulzura, la imaginación que algún día tuvimos y a que aprendamos a vivir como niños en cuerpos de adultos.

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Escrito por

Mi nombre es Legna González y soy de Arecibo, Puerto Rico. Soy una mujer de decir pocas palabras pero de grandes cosas que escribir. Las letras y las palabras definen mi entorno. Amo a Dios, escribir, la naturaleza y la fotografía. Quiero expresar lo que soy y lo que siento a través de este espacio. Gracias por tomar de tu tiempo y leer lo que escribo. Espero que puedan disfrutar leerlos así como yo escribirlos. ¡Un abrazo!

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