La niña que soñaba con volar y lo hizo

La semana pasada tuve la oportunidad de ser parte de los 7 cuentistas que participaron del evento ‘Personas reales que cuentan historias reales’ en su tercera edición, organizado por Noris Arbelo creadora de Café con historias.

Un espacio donde 7 personas por 7 minutos comparten una historia propia o conocida y así crear una retroalimentación entre el cuentista y el público.

Una experiencia retante pero enriquecedora. Agradecida por la oportunidad y la experiencia vivida esa noche.

Los 7 cuentistas junto a la organizadora del evento

Aquí les comparto mi historia.

“Abróchense los cinturones, estamos a punto de aterrizar”. Despierto y veo por la ventanilla del gran avión el cielo azul sin fin y las nubes que lo complementan con su forma peculiar. No sé cuánto tiempo he dormido, ni cuánto tiempo he viajado, solo sé que estoy a punto de llegar a mi destino. He llegado al fin. Vuelvo a mirar por la ventanilla del avión y me digo, si en el cielo hay un comienzo, ¿cuál será el comienzo de mi aventura? Me abrocho el cinturón y aterrizo. (Fragmento tomado de Un extraño en el avión)

Si le preguntamos a nuestro gran amigo Google sobre lo que significa la palabra propósito, podemos encontrar un sin fin de opciones y fuentes, pero voy a compartirles una que llamó mi atención.  Según la Real Academia Española, propósito: es el ánimo o intención de hacer o de no hacer algo. Objetivo que se pretende conseguir.

Podemos pensar que en la vida tenemos un solo propósito y que a este tenemos que darle toda nuestra energía para que se cumpla, pues déjenme decirles que en la vida pueden existir todos aquellos propósitos que nosotros queramos escoger. Y por eso les quiero compartir una pequeña historia de una niña, bueno, no tanto en edad, pero si en ilusiones y anhelos y que cumplió como su propósito uno de sus tantos sueños, volar.

Desde pequeña siempre me han gustado los aviones y la adrenalina que estos producen en mí.  Me emocionaba ver a mi tío ir y venir en ellos durante mucho tiempo, ya que vivía fuera de Puerto Rico.  Soñaba con algún momento poder estar en uno y emprender nuevos rumbos y mi sueño se cumplió un día.  Me fascina viajar, conocer otras culturas y poder relacionarme con otras personas.  He tenido la oportunidad de viajar a varios países, conocer su cultura y disfrutar de las bellezas que posee. 

 Poco después del paso del Huracán María, tuve la idea de emprender una aventura e irme a celebrar mis 30 años en un viaje que yo misma me iba a regalar.  Al principio pensé que se quedaría así, en una simple idea porque no había seguridad de lo que pasaría en nuestro país.  Se lo comenté a mi compañera en todo, mi hermana y ella ya estaba montada.  Y así fue, la decisión ya estaba tomada, no había vuelta atrás y todo iba tomando forma; el tiempo que duraría el viaje, los países que visitaríamos, la compra de los boletos de avión, los lugares donde nos hospedaríamos y que actividades haríamos durante este tiempo.

La duda y los miedos siempre estuvieron presente por 2 razones; entraba en una nueva década y no sabía que pasaría y por primera vez en mi vida tomaba un riesgo que podía salir bien como también podía salir mal.  Cada vez que le comentaba a alguien de lo que pensaba hacer, la respuesta era la misma; “uy, ustedes solas por allá”, “¿1 mes solas?”, “¿y no les das miedo estar solas tan lejos?” Pues no, creo que nunca en mi vida había estado tan segura de tomar una decisión.

Emprender este viaje me permitió explorar nuevos lugares, tomar muchas fotos y escribir nuevas historias, pero más allá de eso, me ayudo a redescubrir y reaceptar quien era Legna. No quiero decir que no sabía quién era, pero llegan momentos en los que lo olvidamos y nos urge un nuevo respiro.  Retomé mi vuelo.  3 países distintos, 3 historias diferentes, pero 1 mismo propósito.

Oh, Argentina, cada parte de mi volvió a renacer contigo.  Se llenó nuevamente de vida, de nuevas energías, de color, de sabiduría.  Me ayudaste a ver lo invisible de la vida.  Aquello que siempre ha estado presente.  Los pequeños detalles que nos hacen grandes y únicos. Gracias por enseñarme que tengo que luchar por alcanzar lo que quiero y compartirlo con los que me rodean.

Uruguay, tu sol renovó el color de mi piel, literal.  Tus calles dirigieron mi rumbo hacia grandes experiencias. Tu calidez inundó mi ser y despertó en mí el deseo de algo más por eso no es un adiós sino un hasta pronto.  Me mostraste cual era mi verdadero norte, aunque a veces tenga que mirarlo desde el sur. Cada paso que di por tus alrededores me recordó de donde provengo y mejor aún, hacia donde voy.

Chile, mi querido Chile. Tu siempre tan fuerte, acogedor y humanitario. Despertaste otra vez todos mis sentidos y me recordaste una vez más que el verdadero amor existe y que no lo encuentro en alguien más sino en mí. Que en la simpleza se encuentra la verdadera grandeza y que esa grandeza te enseña lo que es la humildad.  Que el tiempo es tu fiel compañero y que no pasa en vano.

Volviendo a la definición que les compartí al principio, el propósito que yo pretendía cumplir era volar, no solamente por medio de un avión sino a través de quien soy.  ¿Y cómo volé? Desconectándome para volverme a conectar conmigo. Siendo yo, conociendo quien soy y cumpliendo con ese objetivo que yo había escogido para mí. Reconociendo que el miedo es parte de nuestra vida pero que yo elijo si predominara o no.  

¿Cómo puedes tu volar? Fácil, soltando los miedos que llevamos arrastrando por alguna mala experiencia, dejar ir a las personas que nos rodean y que añaden poco o ningún valor a nuestra vida.  No será fácil, pero a la larga valdrá la pena. Dejar volar la imaginación y lanzarse hacia lo desconocido y recibirlo con los brazos abiertos. Dejar volar nuestras inseguridades y alcanzar nuestras metas. Volar y dejar que otros también lo hagan. Dejar volar lo que pensamos que es inalcanzables y darle un propósito.

“Abróchense los cinturones, estamos a punto de aterrizar”.  Despierto y veo por la ventanilla del gran avión el cielo azul sin fin y las nubes que lo complementan con su forma peculiar. No sé cuánto tiempo he dormido, ni cuánto tiempo he viajado, solo sé que estoy a punto de culminar mi viaje.  He llegado al fin.  Vuelvo a mirar por la ventanilla del avión y me digo, si en el cielo hay un comienzo, debe haber un final, pero ¿cuál será el final de mi aventura? Me abrocho el cinturón y aterrizo.

Te invito a que le pongas nombre a aquellas ideas o anhelos que siempre has tenido y los conviertas en ese propósito por cumplir en este nuevo año. Mi viaje pudo haber terminado pero mi vuelo apenas comienza.  Recuerda, yo soñaba con volar y un día lo hice y tú, ¿estas listo para despegar?

Lugar: Ágape Tiendita Solidaria y Café, Arecibo

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios .